He alquilado mi casa durante las vacaciones y la han destrozado…

He alquilado mi casa durante las vacaciones y la han destrozado…

Hemos de señalar en primer lugar que el artículo 21.4 de la Ley de Arrendamientos Urbanos y de los artículos 1.563 y 1.564 del Código Civil, imponen al arrendatario la obligación de reparar los pequeños deterioros por el uso de la cosa arrendada, así como los daños derivados de un mal uso o uso negligente.

 

Nuestra legislación distingue dos tipos de arrendamientos urbanos: el arrendamiento de vivienda habitual, que tiene por objeto satisfacer la necesidad de vivienda permanente del inquilino, y los arrendamientos para otros usos: donde entran los alquileres de locales de negocio y los alquileres llamados de temporada. Esta distinción es importante, porque las reglas que se aplican a uno y otro son diferentes.

 

Una de estas diferencias es la relativa a la fianza. La fianza es una cantidad de dinero en metálico que el inquilino tiene que entregar al arrendador al celebrar el contrato de alquiler. Sirve para asegurar que el inquilino va a cumplir con sus obligaciones: pagar la renta, los gastos que le correspondan (gas, luz, agua, comunidad, etc.) y que va a cuidar la vivienda y sus enseres, no causando desperfectos. La fianza es obligatoria.

 

La Ley 29/1994, de Arrendamientos Urbanos, en su artículo 36 establece que a la celebración del contrato de arrendamiento de vivienda será obligatorio prestar una fianza en metálico, cuya cuantía será de una mensualidad de renta, y de dos mensualidades en el arrendamiento para uso distinto del de vivienda (por ejemplo para los arrendamientos de temporada). Por lo tanto, la cantidad entregada en concepto de fianza responde de los posibles desperfectos ocasionados en la vivienda. En caso de que el importe de la fianza fuera insuficiente para cubrir la reparación de los desperfectos ocasionados, podremos reclamar al arrendatario la diferencia. Para ello es importante suscribir un contrato que refleje claramente la identidad del arrendatario y las condiciones pactadas. Aunque nuestra legislación reconoce la validez de los contratos “verbales”, recuerde que en caso de conflicto tendremos serias dificultades para probar quién tiene razón.

 

A la hora de redactar el contrato, tiene que tener en cuenta que ha de contener, obligatoriamente, los siguientes datos:

  • Identidad de los contratantes: quién alquila, y a quién (nombre, documentos de identidad, domicilio habitual, etc.).
  • Identificación de la vivienda arrendada: ciudad, calle, número, piso, etc.
  • Indicación de si está amueblada o no (acuérdese de incluir el inventario, incluso con fotos).
  • Plazo del alquiler.
  • Renta.
  • Otras cláusulas acordadas por las partes (quién correrá con los gastos, prohibición de subarrendar, mascotas, etc.).

 

El contrato firmado por ambas partes nos facilitará el poder reclamar judicialmente los daños ocasionados, así como cualquier otro incumplimiento.

¿Tienes dudas acerca de estas cuestiones? no dudes en ponerte en contacto con nosotros y te asesoraremos

 

Luis Delgado, abogado de Legálitas

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